dom. Ago 25th, 2019

Es hora de implementar un Sistema Único Nacional de Identificación de Empanadas

Columna de opinión de Bismárc Graseras.

¿Cuántas familias destrozadas por culpa de una de jamón y queso confundida por otra de ricota y nuez? ¿Cuántas reuniones entre amigos que terminan en bataola porque Juan se comió la empanada de carne y pasas de uva que había pedido Pedrito, pensando que era su calabresa? ¿Cuántas muertes de alérgicos a la aceituna se registran al año producto de confundirse estos desgraciados seres una empanada de queso y aceitunas con otra de queso y cebolla? La situación no da para más, estamos al borde de la total ruptura social: es hora de un Sistema Único Nacional de Identificación de Empanadas (SUNIE).

A lo largo de la historia, el ser humano ha tenido que luchar contra el caos y la destrucción, contra la ignorancia y el hambre. Arma poderosa en esta lucha histórica ha sido la unificación de pesos y medidas en un Sistema Internacional de Medidas (por más que los países anglosajones lo nieguen y sigan con sus pulgadas, pies y caballos de fuerza). Se acabó la Edad Media con sus fanegas de trigo, que no eran las mismas en Castilla que en Valencia o Canarias. Las varas, los arrobas y codos, medidas tan variadas como los mercaderes y artesanos que las empleaban a lo largo y ancho de la España medieval.

En este período brutal de absoluto caos empanadaril en que nos encontramos, este pantano pestilente de decadencia y degeneración, nos chocamos contra distintos nomenclátors y sistemas de identificación. Para algunos empresarios de la empanada, la de carne con pasas se llama “chilena”; para otros, sin dudas más nacionalistas, “mendocina”. Son muchos los que las identifican con números y, por suerte, son menos los que lo hacen con intrincados códigos de puntos y colores que harían llorar en posición fetal al mismísimo Stephen Hawking (ya sé que está muerto y era paralítico y que jamás podría ni intentar colocarse en posición fetal, lo aclaro para los imbéciles que gustan de cuestionarme). Los más inescrupulosos las bautizan con nombres de footballers célebres, como la “Karl-Heinz Rummenigge” de longaniza y queso, la “Ruud Gullit” de arroz con chorizo o la “Alexis Lalas” de queso y ketchup.

¡La gente está cansada! Juan Pueblo no quiere tener un doctorado en criptoanálisis para poder saber cuál es la de “carne al cuchillo” ni Doña María tener que repasar la historia del fútbol mundial para identificar su pastelito de membrillo. ¡El pueblo quiere soluciones! ¡Y las quiere ya!

Por eso conmino a políticos, científicos, periodistas, profesionales, obreros, amas de casa y al clero para alcanzar una instancia de Consenso Nacional que dé como resultado ese tan ansiado e imprescindible Sistema Único Nacional de Identificación de Empanadas (SUNIE).

Se despide,
Bismárc Graseras
“Moliére estaba equivocado, hay que vivir para comer y no comer para vivir”

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